Entrevista a Nina Avellaneda, mayo de 2020 [transcripción]

La situación de pandemia ha planteado un desafío respecto de lo que entendíamos como nuestros deberes, derechos y libertades, pero también ha dejado en evidencia las condiciones materiales en las que vivíamos y vivimos, en términos de la infraestructura de salud, por poner algún ejemplo, o en relación con las ideas de la educación a distancia y el teletrabajo que en algunos contextos es impracticable. La escritura parece no participar de este orden de cosas; cuando se la menciona es a propósito de las ventas editoriales, por un lado, o por intermedio de la figura de lxs lectorxs, a quienes la lectura les otorgaría una cierta calma, un cierto refugio o “algo” que hacer. En esta escena, orientada al consumo, ¿qué representa para ti, hoy, la práctica de la escritura?

Escribir es siempre una posibilidad generosa, incluso en estas condiciones podemos seguir escribiendo, porque es justamente una actividad que necesita de cierta intimidad, ¿no?, de encierro, incluso. Pero ha sido un remezón, para mí es ciencia ficción. Creo que hasta el momento he preferido estar atenta al movimiento, escuchar, mirar, más que escribir. Sé que esta experiencia se va a traducir después, pero por ahora yo ni siquiera sé cuáles son las preguntas adecuadas.
Por otro lado, estar encerrada y sola, obliga a convivir con uno mismo de una forma radical y claro que escribir siempre está ahí, pero de pronto creo que me han ayudado más otras prácticas: sembrar, cocinar; hacer sobre todo una cosa a la vez, comer cuando como, sin pantalla, con la misma concentración de la escritura, que no se puede conjugar, por ejemplo, con mirar Instagram. Tal vez la práctica de la escritura siga representando lo mismo y, a lo mejor, algunas de sus características son las que he ido aplicando en otras actividades, la concentración. Ya no puedo escuchar las conversaciones en la calle, pero escucho a mi abuela por teléfono.

Insistiendo en las prácticas, ¿cómo fue el proceso de creación de Vida de Souza?, ¿cuáles fueron las ideas que te interesaba poner en circulación?, ¿qué estrategias o procedimientos estéticos fueron los que te permitieron hacerlo?

Vida de Souza es un fragmento de una novela corta que se llama Souza. Y las ideas que quería ensayar eran, en un comienzo, las de un hombre que se encuentra consigo mismo, concretamente. Un cuerpo exactamente igual al suyo, el mismo cerebro, los mismos recuerdos. Quería desarrollarlo y al mismo tiempo no, quería escribir, más bien, el misterio de eso, sin responder nada. Entonces esa idea que a mí me alucina, finalmente, me sirvió de excusa para contar otra historia o la historia que encarna uno de esos hombres, cualquiera, la historia de un hombre que trabaja en la construcción.
Quería escribir también sobre la amistad, una amistad un poco insólita, en el borde de la necesidad o del amor que surge entre este hombre y una actriz. Sobre el encuentro con los otros, sobre la delicadeza de eso. Estas ideas las encarna el protagonista, porque es un hombre que percibe más de la cuenta, como un Funes que no olvida, pero, en este caso, es un personaje al que le cuesta abstraerse o seleccionar entre muchos estímulos, los percibe todos y todo le parece único, hasta que se encuentra con su doble, claro.

Vida de Souza quizás se caracterice por su ligereza, y esto en dos sentidos, la narración posee un ritmo ágil y, de la mano de ese ritmo, una levedad al momento de presentar situaciones de manera no dramática, como la muerte de alguien, la falta de comunicación de alguna familia, etc. Vida de Souza no insiste en la gravedad de las cosas o en su dramatismo, pero sí se hace cargo de cierto grado de desconexión social que subyace al relato. Existen preguntas por la soledad y por el silencio, preguntas que delinean una experiencia que llama la atención, la experiencia de una desolación o una melancolía alegre. ¿Podrías comentarnos algo sobre estos asuntos?

Claro, la soledad y el silencio aparecen como un contrapunto del encuentro, un encuentro con el doble o con la experiencia del amor en una amistad. Están presentes como vestigios de la dificultad de los vínculos. Son temas que a mí me interesan, no como algo negativo, sino en su potencialidad a la hora de descifrar mejor las experiencias. Los tres personajes de este libro son personajes solitarios y, al mismo tiempo, ninguno está solo: el obrero tiene a su doble, la actriz a sus personajes y quien narra, que es un tercer personaje, tiene al obrero y a la actriz.

¿Cómo piensas que Vida de Souza se inscribe en tu trabajo o actividad previa como escritora?, ¿cómo concibes este trabajo amplio que algunxs llaman obra?

El libro que escribí antes, La Extravía, era un libro básicamente sobre amor y desamor. Todos los personajes allí son femeninos, la narración es fragmentada, Souza en cambio tiene este protagonista masculino. Quería escribir, en un comienzo, a partir de su voz, pero finalmente es una narradora quien lo cuenta, aunque son sus recorridos, su tránsito por la ciudad. Creo que se mantiene, sí, la no linealidad en el relato, simulando un poco la manera en que uno recuerda o conversa, con esos movimientos. Me gustan los desvíos en los relatos, que no haya un único y gran asunto.
No sé si me gusta ese concepto de obra, me remite a una continuidad, como a un cálculo y, justamente, lo que prefiero es el descubrimiento. Cada vez que empiezo un cuento, un texto o libro, pienso que no tiene nada que ver con lo anterior, que no sé a dónde me va a llevar y ese desconocimiento es lo que permite justamente escribir. Escribo por esa curiosidad que me da el proceso.

Volviendo un poco a la pregunta de un comienzo, en estos momentos, ¿qué lecturas o experiencias estéticas han vuelto a tomar relevancia para ti?, ¿qué libro (película, disco musical, etc.) ha recobrado sentido o encontrado alguno nuevo?

Creo que he sido constante en la lectura de un solo libro en este tiempo. Que es El libro tibetano de la vida y de la muerte. Nunca antes me había interesado, pero ahora sí. Spinetta es un músico que siempre me alivia y que no conozco completamente, casi por estrategia, para que siempre ocurra ese hallazgo de una canción que no conocía. Y un documental que me impactó mucho y que vi hace poco es uno que se llama El país del silencio y la oscuridad, de Herzog, que muestra el mundo de las personas sordo ciegas, lo recomiendo también.

 

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Un libro es el entrelazamiento de ideas y sujetxs, palabras e intensidades. Su lectura es otro lazo del proceso colectivo en el que escritorxs, editorxs, ilustradorxs e impresorxs dedican su tiempo al trabajo alegre de concebirlos.

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