Selección de 1°, 2° y 3° entrega
Desde el otoño del 2023 tuvimos noticia de la primera entrega de Retablo. Luego en la primavera del 2024 apareció su segundo momento. Recién se ha materializado la tercera entrega. Retablo circula desde este otoño en sus tres fases.

DE PRIMERA ENTREGA
voy de Bolivia a Chile en un bus al que se le filtra polvo por las ventanas y por el suelo. si entra el polvo, entra el viento del Altiplano. no consigo recordar la cita. lo que mi intuición alcanza tiene que ver con el hambre y la muerte. Lispector se pregunta acaso la muerte genera en el cuerpo la sensación de saciedad que buscamos cuando tenemos hambre. cuando entra el polvo, entra el Altiplano. los rostros de pómulos altos y brillantes hacen que el pasillo oscile en el ascenso. son el proyector del holograma que recién comienza. están esquilando todas las llamas. el tres de enero compiten las llamas. ellas no saben que compiten. no soy andina y digo competición. la llama negra baja. el hombre de al lado tiene dos estrellas en cada ojo. miro afuera, la nada es un olor que absolutiza todo. el afán por recordar cruza el camino, pienso. me preocupa la escritura, su pertinencia en la memoria
de los machitunes salen ranas, piedras, palos y fibras desde los ombligos. El afuera nos convoca y entra de a poquito para sanarnos a su salida. La garganta es un túnel donde cabe el tiempo, el claroscuro del sinsentido. La garganta es el estómago del lenguaje, un lugar donde habitan y de donde nunca salen las primeras palabras que oímos recién nacidos. ¿Quién sabe si la garganta es un crucigrama de forma cóncava o convexa?. Mi nombre se raspa en la garganta buscando un aullido y el fuego que hacen las palabras para hallar la ruta que las precisa en las diferentes dimensiones. Comencé a toser y a la cuenta de tres escupí una carta
Termina la cuenta de tres y el bus completo desaparece, mi cuerpo queda solo con la sensación oscilante de ir sobre un dragón. Yo tampoco estoy. Todo es oscuro, no inquieta y muerto, no llevo forma ni lenguaje hasta que desde esta oscuridad, se enciende una vela, el espacio es muy grande o muy pequeño, no puedo diferenciarlo, pues oscuridad no permite dimensionar la figura espacial y en ese intento, llega un sonido desde lejos. Tras el sonido comienzan a perfilarse sombras, parece una escenografía. Las sombras son niños que soplan huesos de cóndor llamando al viento. Volví a toser, ahora ya desde otro lugar, otro cuerpo. Yo soy papel y la mayoría del tiempo estoy sobre un velador, de pronto, no obstante, me oigo dictando:
te inquieta la forma de escribir, quieres decir el viaje y la memoria privada de los territorios. en el poema caben pero no sabes cómo hacerlo, tampoco sabes cómo hacerlo en prosa. natalia, yo soy natalia y tampoco sé salir de acá
Termino de oírlo y aparezco sentada en el bus ya sabiendo algo. Me asomo a la ventana y ahí está el espejo retrovisor mostrando cada uno de los géneros literarios, elementos gramaticales acumulándose en un punto ciego en el fondo.
DE SEGUNDA ENTREGA
las sustancias están sujetas a la dureza de una piedra. un pie resbala por una de esas como si fuera una excavación: se sueltan los colores de las riberas, piedra y piedra, en el movimiento se vuelven a reconocer diferentes, el agua del río en ese lugar se amasó aéreo y turbio al día siguiente, el paisaje terrestre amanece nublado. el pie, son los pies avanzando en el sueño.
raíz, pupila ciega

un ojo marino está en el cielo. no me mira, pero sí es por donde podemos mirar al mundo. la ilusión y la imagen: la pantalla del celular brillando como debiese brillar el pétalo de agua o el fuego. el pétalo de agua es la hoja de arrayán movida por la fuerza de esta lluvia, pero aparece una imagen en el lente: son milicos mutilando/cegando detrás de una foto del bosque
me da miedo escribir y que aparezca un ojo

DE TERCERA ENTREGA
una tarde. los leones de la plaza victoria se bajaron del basamento mientras toda la ciudad parecía arder feliz, ya no había que simular ser inerte, no había nada qué ocultar. son unos gatitos de agua lamiéndose las patas en pleno condell, pudeto, pedro montt. tampoco se llaman así las calles ahora.
lo que no puede decirse en palabras, el dibujo lo recoge:
el mar recupera su orilla.
somos todxs lentxs. tocó discernir entre luz y sombra, qué se mueve y qué recoge los frutos marinos. las conchas son doradas, las gaviotas avisan el mediodía, los perros dejaron de aullar, pero mueven sus rabos para trasladar el polén escaso. que quien lea esto, no se confunda, es cierto, estamos pérdidos en la historia pero aún podemos oler el pan tostándose en la mañana, el cacho del heladero se sigue oyendo por las calles y se ven a lxs sapxs mirando por la ventana, ahora sí, sin juicio ni resquemores morales, lxs huachxs ya no buscan a sus padres en la mar, la mar solo trae su espuma que lentamente al leer esto, se limpia del petróleo derramado por años. la mar nos ve como un bosque para sostener su respiración. disculpa la retahíla, el brío de la descripción, hay quien dirá que esto no puede decirse en la literatura.


Natalia Rojas (Melipilla, 1983). Explora las materias, teje, escribe. Publicó Pedernal en coedición Chile-Argentina (Cuadro de tiza y VOX Ediciones, 2011), Cardador (Aparte, 2019) y Dorso de una taxonomía (LP5, 2020), en cooperación con la ilustradora científica Francisca Veas, Insectario Humano (Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2021) y la autopublicación del artefacto Retablo (XAGUAL, 2023).
