Extensión – Álvaro García Hernández

Al día da dadivo horizonte 
de rosada escarpa, a los tordos
oídos quienes les sonríen, pregunto
dónde truenan dedos satisfechos entrada la noche
hay una victoria rechazada
más distante, menos desesperada
y ahí sin pensar en el mundo
sus pruebas subrayadas en vencimiento
errores del sitio donde nace el invierno
que ya no entra por la puerta y puedo verme
ver la piel oscura, el cartón del suelo
todo lo que brilla bajo las sábanas
Asonada en tierra blanda, grita
al muro rebeldía la ausencia
en sombra, camino de campo, niños corriendo
una flauta equilibra mambo sobre candados
abren botones de hierro
me visten de óxido la luminaria municipal
ocultos en la espuma, golpean los bordes
sí hay fondo en el mar es sangre y ojos
sí produjese dinamita o más huesos en la tormenta
flotaríamos hacia una flor sin raíz
nos podrían dar un funeral en el alfabeto
Cerca del respiradero cae tripa raspada
emula el intestino, aprieta los dientes del sueño
no puedo detener las escamas, falta grave
dejar al músculo seguir en lo suyo, ignora al cuerpo
hay sol al fondo del pozo, trata de hablarme
de cada goce, rapidez del dedo
a su frente no alcanza nadie, tampoco la cola
si ruge la traducción del hambre, su lugar
de muerto en muerto que la rueda insiste suyo
desafía al gallo sin superar su ojo
entonces vamos bien
podemos dejar el corazón salirse por la boca
dentro de las alarmas

Desde lejos el nácar de los edificios descifra
el nacimiento a contraluz, presenta la tarde en dos colores
se junta durazno y mar
una muestra de horizonte que pone fin a la lengua
y miramos nuestros pies, cruce de bocinas
donde detienen el agua que hierve los motores
de una cuncuna, zumo de cordones desatados
la distancia inspira protesta, de cerca van trotando
monedas sin dueños, medio litro al lápiz
gritan de pan en pan carritos de perros vagos
sin bacinica, ondea detrás banderas con habla de barro
acampa sobre la azotea el toro de cuerno en corte de luna
va la ambulancia presta a dividir las aguas
mi morral en tránsito busca el hombro de goma
sin firma ni auditor, atiende en cáscara tribuna de merma

El horizonte adquiere forma única
me acerca rostro y detención, cambia el ritmo del trueno
sí contara su nombre, si contara su color
que no quiere morir al tocar tierra, derrama en vano
este destello, no logro acercarme a su cabeza
no dimensiono cuantos carros prenden su cocina

Me dejan sobre la mesa zapatos a medio atar
qué otra cosa podría? en el marco de la puerta
arriba del azúcar, vasija de bronce
detrás de las cortinas, en el bidón de agua
aliño abierto, mudanza de verano dentro
de la cáscara anterior al gajo, se abrazan
a verduras picadas, me atraen a un café tibio
la tabla de picar está húmeda, tiene el rastro
del humo de mis padres, en silencio veo
el remolino en el lavaplatos dotado de una cala
que se pudre de la anterior visita, se pega al fondo
del cristal que regala su figura en frío
al vestido en nupcias, patas de la cama en espacios libres
un artificio del cambio correcto en dinamita

Álvaro García Hernández

(Coquimbo, 1994)

Poeta, librero y magíster en Historia. Licenciado en Historia por la Universidad de Humanismo Cristiano. En 2018 publicó Percusión al borde del torso (Armatia Ediciones), y el plaquette Cantera de áridos (Traza editora, 2021). Reside en Santiago de Chile, en la comuna de Quinta Normal.

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