Recortes del Eclipse de Iván Scopinich (selección)

Retorno soldado 

Bueno, que caiga la pluma de aquí, parapente de ser
paloma,
ser soldado que vuelve a tierra
a silente, supuesta hora.

¿Y qué tanto si vuelve la guerra, qué importa si en
sueños me ladran los perros en plaza de santos?
¡He amado!, le grito a esta Pascua, ¡he tenido amor
en lo alto!

Sobre la noche bajo empapado
en la pena de nadie. Y qué,
soy peto forjado al rocío
del bajo su abdomen un Cielo escondido, niño de pecho,
veterano.

Amigo, ¡fui miel de tu palma
y estrella al Poniente soldada!
No temo esta ruta perdida.
Robé de la Luna el corazón en la fruta: mordiendo,
devengo sonrisa.
Chinchinero 
para Valeria

Ofrenda de ojos,
tarde de ensueño.
Piedra azul de recuerdo
y cucharas en mano.
Mis primos intentan a la orilla
meter el mar en un balde.

Volverá un día el día a su cuna
entre las puntas del destello,
cada sol antigüedado
una burbuja de color.

¿Recuerdas zumbar las aspas del verano,
pan seco sobre la mesa
y polvo cayendo en el haz
de la ventana;
siesta después de almuerzo,
meter las manos entre las cosas
en el patio de mi tata,
el trinar de un gorrión buscando migas?

Éramos niños bajo la mesa,
era la Cueva de Cristal
que escuchaban el domingo
de aparecer un chinchinero.

Una lágrima mía horada la loza,
quema ciclos de anillos en el tronco tiraneño.

Carta de amor de calamina,
bicho de soy que termiteo
entre los rincones para dormirme
donde murmuran esas voces.
Me niego a coronar el poema —
bien puede esperar mientras gira ese hombre tocando el vals de la
manivela


Pesadilla de San Sebastián 

De quien conozco la mano,
por el museo me arrastra.
Nuestro pasear de domingo
interrumpido delante
de una pintura de santos
que me ha copiado los ojos,
que ha replicado mis dientes,
que ha saeteado mi torso,
que ha hecho de mí como mártir.

Tu ojo de azul compadezco,
visión de atada belleza,
y desespero esperando
el carmesí de tu sangre
hasta que encuentres descanso.

Salto escuchando a mi lado
estrépito carcajada.
Él ve mi lienzo empapado,
baña mi ruego en su lengua,
“san pecador,” me dispara,
“san maricón de la muerte”,
y ronca haciendo una risa,
vuelve de burla su vientre.

Tú, Corifeo, desnudas
mi voz de todas sus fuerzas.

¿Cómo podré defenderme si soy un
lienzo amarillo, si soy atado a los troncos,
si soy herida de garras?

Cuando despierto empapado, corro pegado
a los bordes, hasta explorar en las fotos
semblanza alguna del sueño. Ni pizca
mínima encuentro de acompañantes,
pinturas, mas la garganta me pesa como
la risa más dura.


Libro final: Revelación 

Y vi tus brazos, Señor,
conocer el valle de mi clavícula con tus dedos. He aquí, yo me
arrojé en tu diámetro azul para un abrazo de nuestra madrugada.
Tuve los sietes espíritus, los reinos,
las naranjas lámparas que se necesitaran,
para erigir las columnas de este baile que hicimos lento en el centro de
la sala.
Este Cielo era nuestro, era el trabajo de nuestras manos y la trompeta
cantaba desde el estéreo:
A veces un viento sopla
y tú y yo flotamos en amor
Nos besamos por siempre en la oscuridad y los misterios del
amor se aclaran.
Setenta veces siete repetí el álbum entero. Estas palabras son
fieles y verdaderas.
He aquí este ángel de dos manos unidas
que muestra a mis versos sedientos
las cosas que pronto han de recibirme.


Nada queda 

no más que nubes sobre Iquique.

Vuela
cargada de todo lo visto
una nube ___
del color de los ___
mirando abajo.

Ayúdame a decirlo:
que nada queda en la mía boca
de púrpuro bosque en enero
sin días ni segundos.

Las nubes congeladas soñando con ___, el ___ del aire, tan
___.
Yo mismo ___ificado,
como el fuego más tenue junto a la orilla, todos los nombres que
me habitaban perdidos en un humo color a ___;
los estantes de discos de canciones
de amor de hombres de siempre
diciendo oh ____, eres mi ____,
como ____ de ____ al ____.

La ___, la hambruna ___
acariciando los vientres,

el corazón que recuerda ___,
el astro temprano y el poeta ___,
Un lar tan repleto de ______,
este ___ que gana peso.
El desdoblez de la hoja doblada
por un ___ que entra por la ventana
diciendo ____________________________ a mis labios abiertos.
¡Nada, no más que _______
que todo lo expresa!
Cada sílaba partida en _ y _,
el complemento directo de la oración
nadando en ___ tras despedirnos.

Buenas ___, amor,
hoy debo despedirme de ___ y de los ___ en el agua junto a ___.
Los lazos de mí me desconocen,
los he desheredado.
Soy uno con el ___,
soy uno con la ___.
_______________
_______
___________ _________ ________
_ _______
_______ ____ _______- __ ____ _.
¿__ ____ __________ __ ____________, ______________?

___________________________. Pero

me he equivocado:
veo luces crepusculares.

Mil hojas al véspero besan
y suben al cielo
en calcinación constante.

Iván Scopinich (Iquique, 2002) es profesor de Lengua y Literatura y poeta. Su vínculo con la escritura comenzó desde temprana edad, en espacios como Iquique en 100 palabras, el concurso literario juvenil CHUSCA y diversos encuentros con autores del norte chileno. Ha compartido textos en diversas revistas digitales latinoamericanas, donde ha apostado por una voz que indaga en las profundidades de la intimidad, la herencia y lo divino. Recortes del eclipse, su primer libro, reúne poemas que transitan entre la claridad y la sombra, entre lo visible y lo que se resguarda en silencio. 

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